Los Smartphone -o ‘teléfonos inteligentes’- son teléfonos móviles que ofrecen más funciones que un teléfono común. Son dispositivos electrónicos que se asemejan a un ordenador, pero de forma móvil y en tamaño mini, y permiten la comunicación como un móvil. Tienen en común algunas características como la pantalla táctil, la conectividad WiFi, el Bluetooth, el 3G, e Internet, entre otras. En teoría, el primer smartphone lo creó IBM en el año 1992, y se llamó Simón. Fue liberado un año después y comercializado por Bell South. Sus principales características -increíbles para la época- permitían realizar y recibir llamadas, tenía una libreta de direcciones, hora mundial, libreta de anotaciones y enviaba y recibía FAX.
¿Qué son los smartphone? Cada vez es más difícil reconocer sus límites
Pero, ¿qué funciones tiene este tipo de móviles? Tiene una gran importancia en la esfera empresarial, aunque cada vez más como móviles personales, ya que permite enviar correos electrónicos, permite utilizar un GPS, permite instalar otros programas, permite cualquier interfaz para el ingreso de datos, tiene una agenda digital y administra los contactos, permite leer documentos, permite entrar a Internet, tiene un sistema operativo, realiza fotos y vídeos, reproduce mp3. Sin duda, es el correo electrónico uno de los elementos indispensables en los smartphone; así como también la posibilidad de instalar programas de terceros para poder aumentar las capacidades y funcionalidades del equipo.
Sin embargo, cada vez es más complicado definir qué es un smartphone. ¿Qué características son propiamente dichas de estos teléfonos y cuáles no? ¿La pantalla táctil? No, porque BlackBerry no cuenta con una, y tiene smartphones. ¿El GPS? Nokia tiene modelos con GPS que no se consideran smartphone. Incluso, se ha propuesto una nueva categoría, los superphones, pero aún así, se sigue sin tener bien claro qué teléfonos entrarían dentro de uno y otro concepto. Además, esto hace que muchos usuarios tengan una confusión respecto al móvil que poseen y sus propiedades. Un claro ejemplo es que mucha gente que tiene uniPhone 4 considera que está utilizando un smartphone con 4G.
Aún más asombroso puede parecernos que, en un mundo donde todos se pelean por tener un iPhone o una BlackBerry, mucha gente que aún sigue teniendo en su haber un móvil simple, no sienta la necesidad de cambiarlo. Esto es lo que concluye el estudio realizado por Analysys Mason, que dice que el 42% de los que no tienen un smartphone, seguirán sin tenerlo. ¿Por qué? Su apatía por el alto precio y por considerar que no les van a ser útiles, de forma tal que los usuarios, no solamente están mareados con el sinfín de nuevas tecnologías, sino que tanto marketing no llega a una parte importante de los mismos.
Existen en internet una gran número de gestores de proyectos, organizadores, listas de tareas o lo que comúnmente se denomina programas GTD (Get Things Done). Wunderlist o Qubity son algunos ejemplos, pero también Wrike, del que vamos a hacer una pequeña presentación.
Wrike es un gestor de proyectos que permite aumentar la productividad
La característica principal de estas aplicaciones online es que sirven para gestionar nuestro tiempo de una manera más eficiente, con lo que podemos conseguir tiempo libre para otros asuntos, como hacer deporte, pasar un rato con la familia o jugar al poker.
Algunos de estos programas son de pago, o por lo menos algunas de sus funcionalidades son Premium, por lo que habrá que pagar una cuota por sus servicios. Sin embargo, existen periodos de prueba y programas que permiten ser utilizados sin coste alguno. Wrike tiene un periodo de prueba de 15 días. A partir de ahí, tenemos que pagar pero sólo lo justo y necesario. Se han establecido tres tipos de usuarios y un precio para cada uno de ellos. Los gestores de las cuentas y los proyectos salen a 19,95 dólares al mes, mientras que los colaboradores (que solo pueden crear y editar tareas dentro de un proyecto) tienen un coste de 9,95 dólares al mes. Por último, por otros 9,95 dólares mensuales podemos tener un número ilimitado de observadores, que pueden ver qué tareas se han definido en el proyecto y pueden recibir notificaciones sobre ellas (cuando se modifican o cuando se completan).
Miles de personas utilizan Wrike en más de 50 países. Entre su cualidades está el de aumentar la productividad de sus usuarios, potenciar el trabajo colaborativo, permitir la gestión de múltiples proyectos simultáneamente (más de 50 si se quiere y se dispone de ellos), etc. Para quienes se encargan de gestionar un proyecto, llevar al día toda la información al respecto en un único espacio virtual es una ventaja, ya que se acaba de una vez con las dudas sobre si un trabajador está haciendo sus tareas o se pasa el día con los juegos poker. Por otra parte, para el trabajador, tener muy bien delimitadas sus tareas le permite, una vez finalizadas, poder disfrutar del tiempo libre y, si quiere, ocupar su espacio de ocio con juegos de poker gratis.
En Wrike, en la pantalla principal tenemos a primera vista toda la información que necesitamos saber sobre nuestros proyectos. Podemos crear y asignar tareas a los miembros del equipo y rápidamente alterar el flujo del proyecto si se producen cambios. La gestión de múltiples proyectos es más cómoda si toda la información está centralizada, tanto tareas como correos electrónicos. Además, si queremos disponer de una perspectiva más dinámica y gráfica de las tareas, en Wirke también encontraremos gráficos de Gantt que se pueden reprogramar con unos simples movimientos del ratón.
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Cómo apuntábamos en otra entrada en la que hablábamos de los mitos de las redes sociales, una cuestión fundamental hoy en día es que los medios y las empresas no están acostumbrados a integrar la participación en sus rutinas. Ni siquiera son conscientes de algunos de sus beneficios. Porque la audiencia puede servir para inspirar, ayudar en la investigación, ser una fuente, crear, contribuir, colaborar, recomendar, consumir, añadir, reaccionar, compartir o actuar como comisario (curator).
Muchas empresas no saben como integrar el valor de la participación
En este aspecto, constatamos que algunos de los medios que tenían cierta experiencia en recibir la opinión de la audiencia -como las radios que incluían un espacio para las llamadas del público- son los que están desarrollando estrategias más interesantes en cuanto a la participación. A otros, en cambio, la participación les desborda cuantitativamente sin que ello favorezca una mayor implicación de la audiencia ni mejore el producto informativo.
Y eso no es casual. Conscientes o no, los medios y empresas que mejor lo están haciendo en la web participativa son los que están construyendo una comunidad. En esto la prensa, las radios, las televisiones lo tienen más fácil que las marcas. A poco que hayan hecho bien su trabajo, deben tener cierto grupo de usuarios que lee habitualmente sus noticias, que se identifica con la cabecera, con los temas que aborda o los enfoques que les da, que sabe de memoria la dirección web o la tiene añadida a sus favoritos. Este público fiel es un buen punto de partida para crear una o varias comunidades.
A partir de aquí, hay que analizar, preguntar y reflexionar sobre el comportamiento online de estos usuarios fieles y sus necesidades. Y pensar siempre en una comunidad como una relación win-win, en que tanto el medio como los usuarios deben salir beneficiados, de una u otra forma. Si bien cada medio ha construido su identidad propia, la comunidad que construya debe ser también diferente y coherente con la identidad. No vale eso de abrir una página en Facebook y hacer lo mismo que hace todo el mundo.
Si un medio o marca no tiene esa audiencia fiel, tiene dos alternativas: o hacer cambios para construirla o renunciar a crear comunidad y optar por otras estrategias que le permitan un flujo constante de nuevos visitantes que no volverán a la web más que esporádicamente. En este segundo caso, el medio no estará compitiendo con otros medios online, sino con todo Internet. Cualquier blog, web de una marca o particular puede tener mejor posicionamiento en los buscadores y llevarse las visitas que esperaba recibir el medio. Así pues, hay que tener claro a qué liga queremos jugar: la de la cabecera potente que opta por el producto diferenciado y de calidad (lo que supone inversiones de personal y recursos) o a ser una web más en Internet. Elegir una vía u otra tiene más que ver con lo que queremos ser que con el volumen de visitas que recibiremos.